miércoles, enero 12, 2005

VII

Si hay algo que de verdad no soporto, que me enerva, que realmente puede conmigo,y de qué manera,es tener que levantarme de la cama para atender una obligación, más si ésta se presenta de improviso y resulta luego no ser tal. Casi conciliaba el sueño de nuevo cuando el timbre de la puerta sonó, estridente, insoportable, inesperado,con insistencia suficiente para movilizarme. Podría haberlo ignorado como solución más rápida,luego sabría que ésa hubiera sido la opción inteligente, pero aún no sé por qué,como tantas cosas,me he desprendido de sábanas, mantas y edredón para abrir, poniéndome bata y zapatillas rápidamente y acudiendo con una prisa absurda, del todo innecesaria,sin encender luz alguna,casi a ciegas, adivinando los obstáculos y tropezándome a pesar de ello, a la entrada para abrir. Cuando al fin llego y tras la puerta encuentro al vecino de abajo,arrojándome a la cara,sin previo aviso, una serie de interrogantes, sé que me he tomado para nada la molestia de venir hasta aquí. El hombre minúsculo y de constitución raquítica de posguerra plantado ante mí quiere saber a qué me dedico por las noches para hacer tanto ruido, porque le molesta, porque le despierta y no lo soporta. Porque le parece poco cívico y de nulo respeto hacia el resto de habitantes del bloque. Y bien ,¿por qué habría de responderle? A esto hemos llegado, a que alguien llame a tu puerta a las seis de la mañana, alterado, excitado y dando voces, sin maneras, creyéndose en el derecho a preguntarte, al interrogatorio matutino; a que no puedas hacer en tu propio hogar lo que te venga en gana sin tener que dar explicaciones a tus vecinos. Este cretino de voz estúpida cree que tengo la obligación de responder a sus preguntas, que estoy aquí para darle explicaciones. Como si no tuviera nada mejor que hacer.Como si creyera que voy a dárselas. Cree que puede subir hasta aquí, llamar a mi puerta como si se le hubiera quedado el dedo pegado al timbre, sacarme de la cama y someterme a un tercer grado. ¿Y qué puedo decirle? ¿La verdad? ¿Qué estuve destrozando el mobiliario antes de irme a dormir porque estaba disgustado con todo? Es usted un sin vergüenza al que no le importan las horas de descanso de los demás. No se puede dormir con todo ese escándalo que organiza cada noche. Responda, exijo una explicación, repite como si la vida le fuera en ello, con las venas del cuello brotándole de la boca desdentada,esperando una respuesta por mi parte que no obtendrá. Bastante aguanto en esa casa, continúa. Usted no sabe lo que tengo que soportar cada día rodeado por la adúltera de mi esposa, la bruja de mi suegra y esos pequeños dementes a los que tengo que pagar una educación para que no sepan hacer más que comer más de la cuenta, pedir y saltar por encima de los sofás como salvajes. Usted no comprende lo mucho que sufro, un sufrimiento inmerecido, para que encima rompa usted mi sueño, lo poco que me queda, lo único que me queda. Y sigue así, gimoteando, destrozado, contándome cincuenta y cinco cosas más que poco me interesan,que nada me interesan, que no entiendo y dejo de escuchar mientras por mi parte,como única respuesta hace acto de presencia un bostezo furtivo e insolidario que no me molesto en reprimir .Porque a estas horas aún no me encuentro en condiciones de escuchar a nadie, con los párpados cayendo lentamente,a pesar de la visita, sobre los ojos cansados e inyectados en sangre, mientras me digo a mí mismo que esto es demasiado fuerte para ser cierto, que tendré que hacerme con un saco de boxeo para desahogarme la próxima vez, porque si éste es el precio a pagar por destrozar lo que de mis muebles queda, es mejor respetar el sueño de este hombre, aunque sólo sea para no volver a escucharle dar voces nunca más. El sueño de este hombre insignificante y ruidoso que parece lo bastante desesperado como para vocearme tan temprano en mi propia puerta, a la cara,prácticamente al borde del colapso, que ha pasado de increpar a un ruego desesperado, pero sin siquiera conmoverme, produciéndome únicamente,a pesar de sus esfuerzos,una enorme indiferencia. Indiferencia descarada que le ofende y vuelve a despertar su ira,sin afectarme lo más mímimo,sin entender demasiado por qué continúo aquí, muerto de sueño y aguantándole.Y le advierto que si vuelve a repetirse lo de anoche llamaré a la policía y entonces tendrá que responder ante la autoridad competente.Llegados a este punto,y sin precio aviso, sin dar una sola de las explicaciones que se me exijen , en un movimiento mecánico, sin que apenas intervenga en ello mi voluntad, le cierro la puerta en las narices con un golpe que seguramente despertará al resto de la comunidad,dejando atrás sus gritos ahogados mientras regreso a mi cama,porque poco importa nada cuando se tiene sueño. Que me denuncie, si le apetece.

2 comentarios:

Blogger Argom ha dicho...

Joder macho eres mi idolo d mayor kiero ser komo tu ; ) Bueno sin exajerar kien no odia a sus vecinos? todo el mundo los odia pero lo unico k podemos hacer es pasar d ellos saludarles kon la cabeza al cruzarnos y NUNCA abrirles la puerta d kasa. Para eso sta la mirilla no es para ver si es un kako o un violador, es para NO ABRIR a los vecinos.

6:46 p. m.  
Blogger Talya ha dicho...

Al demonio con ellos! Bunch of whinners! En serio, no te pasó por la cabeza el deseo de poder desintegrarlo lentamente ante tus ojos, para poder regresar a la tranqulidad de la cama? Bueno, cerrarle la puerta en las narices también es un buen toque. El chiste es ignorarlos con estilo. ;*)

11:09 p. m.  

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