miércoles, septiembre 10, 2014

PREDICADOR: RUMBO A TEXAS

Diantres. Mientras le echaba un feliz vistazo a Predicador: Rumbo a Texas (1 de 9, Ecc Ediciones, jul. 2014) me he percatado de algo que quizás debería preocuparme: tratándose de una obra tan especial para mí, es curioso que sea incapaz de recordar con precisión cómo llegué a tener conocimiento de su existencia, y esto me ha preocupado lo suficiente como para comenzar a pensar en tumores cerebrales inoperables o un futuro truncado por el alzheimer. Así soy yo. Y tras un serio intento de rescatar ese momento de mi memoria, a lo sumo puedo suponer que alguien con gusto y criterio me habló en su momento del cómic, o quién sabe si quizás pude llegar a descubrirlo tras leer alguna reseña sobre este en alguna publicación especializada. En fin, prefiero pensar que no se trata de un olvido tan relevante, que a mi cabeza no le pasa nada, y que lo que realmente importa es que, de un modo u otro, el predicador Jesse Custer y un servidor nos encontramos en algún momento del pasado.
Sí recuerdo que, una vez que tuve acceso al universo libre y salvaje de Preacher, ya no pude dar marcha atrás ni dejar de adquirir la serie, que a mi juicio, y digan lo que digan por ahí, es una indiscutible catedral del arte secuencial. Su enajenada historia y su saludable incorrección política (eso que cada vez abunda menos) capturaron con apenas esfuerzo al lector anormal que sin duda era yo en aquellos tiempos en que aún pagábamos con pesetas. Pero lo mejor es que, tantos años después, esta creación de Garth Ennis (guión) y Steve Dillon (dibujo), con prodigiosas portadas del maestro Glenn Fabry, sigue conquistándome como el primer día, pues su incontrovertible calidad, en todos los sentidos, supera por varias cabezas a muchas de las cosas que se publican en la actualidad. Habrá quien desee rebatir la anterior afirmación, pero ahora mismo no creo estar excediéndome con el elogio.
Si aún no has tenido ocasión de disfrutar de Preacher, ahora se te brinda una inmejorable oportunidad de subsanar esa grave carencia, ya que desde el pasado mes de julio, ECC Ediciones está reeditando esta obra mítica en nuestro país. Su flamante edición consta de nueve entregas, presentadas en formato cartoné, que están apareciendo con cadencia mensual y a un precio de 17,95 € (el volumen). Poco menos que un regalo si pensamos en el calibre de la obra que estamos tratando. ¿Es necesario añadir algo más?
Predicador núm 1 (de 9): Rumbo a Texas. Edición original: Preacher núms 1 a 7 USA / Fecha publicación: julio 2014 / Guión: Garth Ennis, dibujo: Steve Dillon / Formato: cartoné, 208 págs, color.

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martes, agosto 19, 2014

¡Ben Affleck! ¡Sí!

Este artículo fue publicado en el número 66 (octubre 2013) de la revista Scifiworld.
Ignoro si es delito acompañar el primer café del día con un generoso plato de pasta, deliciosa combinación que, sin el menor asomo de culpabilidad por mi parte, está deslizándose hacia mi estómago mientras repaso la absurda rumorología desencadenada en torno a ese ambicioso proyecto que, desde su inesperado anuncio durante la pasada edición de la Comic-Con, ha estado inflamando el entusiasmo sin límites del respetable. Cómo no, estoy refiriéndome a la inevitable secuela de Man of Steel (Zack Snyder, 2013), perfecto punto de encuentro para que Superman y Batman se conozcan, intercambien impresiones y compartan un clímax adornado con interminables daños colaterales. Además de asegurarse un taquillazo superior al obtenido con el título protagonizado por Henry Cavill, saben en Warner que este crossover es el primer paso para comenzar a acariciar toda una serie de futuras franquicias de éxito. En otras palabras. los responsables de esa casa, siempre con un ojo puesto en el modelo de la Marvel cinematográfica, no están dispuestos a perder la oportunidad de explotar un negocio que, bien dirigido, puede proporcionar unos incalculables beneficios económicos.
La pregunta ahora no es si el próximo blockbuster con zooms enloquecidos de Zack Snyder se inspirará más o menos en una u otra obra maestra del arte secuencial, sino si el wonder boy Ben Affleck dará la talla como traumatizado vigilante de Gotham City, asunto que algunos han puesto en tela de juicio con desmedida premura. Admito que el anuncio oficial de su polémico fichaje no logró despertar una miserable brizna de interés en mis entrañas cinéfilas, pero seamos razonables: que el laureado director y protagonista de Argo (2012) esté ahí haciendo lo imposible por ganar músculo no es lo peor que podría pasarle a un icono que, por si alguien lo ha olvidado, ha sobrevivido a atentados como los perpetrados por Joel Shumacher o el piloto automático de George Clooney; tampoco debería ser un drama insalvable para esa facción más intolerable del fandom, en exceso ociosa, al parecer, e incapaz de comprender, a estas alturas, que su opinión tiene para Hollywood menos valor que un supervillano de tercera abandonado a su suerte en el rincón más desolado de la mítica Zona Fantasma.
Por último, el RocknRolla Mark Strong y Bryan Cranston han sonado con fuerza como favoritos para resucitar en la pantalla al díscolo Lex Luthor, la mayor mente criminal de nuestro tiempo. Nada que decir en contra de este par de profesionales que han demostrado su valía artística en tantas ocasiones, aunque sospecho que, a pesar del innegable talento que atesoran, dejarían al célebre archienemigo del nativo de Krypton bastante lejos del brillo cegador que podría alcanzar si pasase por las manos expertas de alguien como Nicolas Cage, ese genio que siempre nos sorprende con su magia única. Y por favor, que nadie dispare todavía: Strong y Cranston pueden llegar a gustarme mucho, pero de momento no han concebido un método interpretativo tan cool como el misterioso Nouveau Shamanic de Cage.

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miércoles, agosto 06, 2014

What if...

 STAR WARS: INFINITOS, publicado por Planeta DeAgostini Cómics, es un ómnibus coquetón que recoge tres series limitadas que en su día (entre 2001 y 2004) fueron publicadas en la línea Infinities de la editorial Dark Horse. Pero estas historias presentan una particularidad que las hace especialmente atractivas: en cada una de ellas se altera un acontecimiento significativo de un distinto episodio de la saga original de Lucas para a continuación ofrecernos una versión alternativa de lo acaecido en aquella galaxia tan lejana. Y el resultado  en absoluto resulta desdeñable.
  Podemos imaginar que los guionistas de estos tres tebeos ahora reunidos (Chris Warner se encarga de A New Hope, Dave Land de The Empire Strikes Back, y Adam Gallardo hace lo propio con Return of the Jedi) sabían perfectamente dónde se metían cuando aceptaron trabajar sobre materiales cinematográficos más que míticos: reimaginar los sucesos narrados en la intocable trilogía entrañaba su riesgo, pues la posibilidad de decepcionar al fan de toda la vida era considerable. Pero, afortunadamente, los cómics de este volumen recopilatorio funcionan, se encuentran entre lo digno y lo notable, e incluso de vez en cuando sorprenden con algún que otro hallazgo, que no es poco.
   Para quienes son más exigentes con la parte gráfica de un cómic –y es que hay que serlo, siempre-, hay que señalar que es posible que el tono general del dibujo de este volumen no arranque su aplauso, aunque esta es una opinión muy subjetiva que puede no ser compartida por todo el mundo. Personalmente no me sedujo el trabajo de Drew Johnson y Al Rio, dibujantes que se encargan del primer relato. Tampoco  logré conectar del todo con el arte que el italiano Davide Fabbri despliega a lo largo de la segunda historieta, donde se retuerce  bastante bien lo acaecido en The Empire Strikes Back (Irvin Kershner, 1980). Respecto al tercer cómic de este ómnibus, que juega con los acontecimientos vistos en Return of the Jedi (Richard Marquand, 1983), está en manos manos de Ryan Benjamin, Dan Norton y Juvaun Kirby. Habrá a quien le chirríe la combinación de estilos de estos tres artistas, pero a mí me pareció bastante atractiva. 
    El único problema que tengo con este STAR WARS: INFINITOS está relacionado con la reinvención de Return of the Jedi. Sus guionistas no debían de sentir un gran aprecio por los ewoks, ya que la presencia de estos en la citada historieta ha sido reducida drásticamente: apenas aparecen en un par de páginas, y en una de ellas casi son tan minúsculos que resultan inapreciables. Y qué quieren que les diga, a mí ese ninguneo me parece muy mal, porque aquellos animalitos se sacrificaron para que la libertad reinase en el universo creado por Lucas. Entiendo que concebir visiones alternativas puede permitir este tipo de jugadas, de licencias, claro, pero los entrañables nativos de la luna de Endor, que además eran caníbales, podrían haber dado mucho más juego en manos de guionistas menos inofensivos. Porque, veamos, ¿cómo habría terminado aquella trilogía si los ewoks finalmente se hubiesen comido a Luke y compañía? Eso sí sería un giro interesante. Pero supongo que los centinelas de Lucas jamás permitirían que algo así llegase al público.
Características de la edición: libro cartoné, 280 páginas, color/150 x 230/30 €/978-84-15921-25-7/ 10035572/ Entrega única/ Edición Original: Star Wars Omnibus Infinities.

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sábado, julio 05, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE (Y 3)

Saber cómo entretener al respetable con un film de duración más que generosa es una habilidad al alcance de unos pocos privilegiados. Muy, muy pocos, en realidad. Lamento no poder incluir en tan selecto club al insigne Quentin Tarantino, siempre hablando de futuros proyectos y subrayando cada una de sus palabras con esa gestualidad maniaca de sus manos. Se ruega a sus admiradores que mantengan la calma, que no desempolven las antorchas todavía, pues reconozco la valía inconmensurable de este icono cinematográfico, especialmente cuando, con el homenaje como pretexto, se apropia sin rubor de materiales ajenos, a menudo desconocidos por el gran público. Asimismo me fascina su destreza inigualable para dilatar situaciones y diálogos hasta la extenuación, convirtiendo sus trabajos en culebrones que oscilan entre el destello aislado de genialidad y el relleno que inexplicablemente sobrevive a la sala de montaje, donde Tarantino parece sentirse algo incómodo. De todos modos, ¿quién necesita a este sobrevalorado señor cuando aún podemos disfrutar del cine de Martin Scorsese? A sus más de 71 años, el titán italoamericano ha vuelto a sorprendernos al lanzar un misil como The Wolf of Wall Street (2013), que no aporta absolutamente nada a su sobresaliente carrera, pero sí es la prueba de que una película puede subir como la espuma durante tres horas de auténtica jarana.
Publicado en Scifiworld #71.

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lunes, junio 30, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE (y 2)

Todo este asunto de los largometrajes interminables me brinda la oportunidad de contar en la presente columna con invitados tan ilustres como Christopher Nolan y Peter Jackson, quienes ya han comenzado a ofrecer menos de lo que prometían en sus sensacionales inicios. El primero —un generador inagotable de haters sin desperdicio, estultos defensores e improductivos debates— ha mostrado durante los últimos tiempos una preocupante incapacidad para narrar historias que nos roben menos de un par de horas de vida. Por otro lado, quizás habría que poner su talento en cuarentena, sobre todo tras la insatisfactoria The Dark Knight Rises (2012), que será recordada como el épico paso en falso de su aclamado realizador. Pese a todo, este no ha tropezado de momento con un cepo similar al que debió de atrapar a Peter Jackson hace ya algunos años. Para desgracia de quienes asistimos con entusiasmo a sus primeros pasitos como cineasta, el hoy todopoderoso neozelandés se ha transformado en una máquina expendendora de blockbusters tan largos como innecesarios. Las dos primeras entregas de su nueva trilogía, agotadoras y sin el menor asomo de sensibilidad artística, están ahí para zarandear nuestras  esperanzas cuando nos preguntamos si existe alguna posibilidad, por remota que sea, de que Jackson recupere la magia que exhibió en títulos como Braindead (1992), Heavenly Creatures (1994) y The Frighteners (1996). 
Publicado en Scifiworld #71.

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jueves, junio 12, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE

Con Nymphomaniac (2013), esa maravilla para pedantes al borde del éxtasis intelectual, Lars von Trier no sólo ha hecho lo que le ha apetecido, que para algo es un autor imprescindible, sino que además se ha marcado el metraje más extenso de su filmografía. Esto último también le ha pasado factura: ni siquiera la indudable genialidad del danés terrible ha podido evitar que su nueva creación llegue a los cines preñada de superfluos momentos que no ayudan a que el espectador se deje envolver por un relato sin demasiado recorrido, aunque siempre habrá quien le encuentre lecturas y valores que un servidor, más acostumbrado a los excesos de Michael Bay, no logró detectar en la sala de proyecciones. Puede que los seguidores del polémico director afirmen con aplomo que este ha concebido otra obra maestra, pero tras su visionado sigo repitiéndome que era innecesario rodar algo tan largo para referir la vida y el historial sexual y emocional de esa señorita ninfómana que habla y ***** por los codos.
Publicado en Scifiworld #71.

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miércoles, mayo 07, 2014

Vader es la justicia

Nunca me ha interesado demasiado el universo expandido de STAR WARS, pero en ocasiones me relajo, aparco mis ideas de fan inflexible e intento disfrutar de historias como la que propone Darth Vader y el noveno asesino, miniserie de la Dark Horse que aquí ha publicado Planeta DeAgostini Cómics en un volumen único. Admito que he concluido la lectura con la sensación sincera de no haberme aburrido, aunque tampoco se me escapa que nada de lo que he leído es novedoso o ha logrado sorprenderme, y eso sólo me lleva a una conclusión: parece que como lector he rebajado peligrosamente mis niveles de exigencia. ¿Es eso malo? No lo creo.
En Darth Vader y el noveno asesino, Tim Siedell, guionista de todo esto, no duda en situar al icónico Sith en el centro de un intento de venganza que sirve para arrancar una historia que no tarda en convertirse en otra cosa. Uno puede pensar que  tras las primeras páginas verá a Vader enfrentarse a las consecuencias de su labor como fiel e implacable esbirro imperial, y no: la oportunidad se desaprovecha, y en su lugar Siedell nos sirve un relato menos ambicioso, aunque, eso sí, indiscutiblemente válido como pasatiempo. También hay que señalar que este trabajo está construido sobre materiales que ya hemos consumido en no pocas ocasiones; de hecho, y sin ánimo de destripar nada, Siedell, en un espacio de apenas un par de páginas, exhibe una habilidad sin igual al engarzar un momento calcado de El retorno del Jedi con otro que se inspira demasiado en un episodio de The Clone Wars, la sensacional serie animada con la que Genndy Tartakovsky demostró que no todo estaba perdido en el universo STAR WARS. Así que, siendo justos, no podemos decir que este cómic cuente con la virtud de originalidad. Otra cosa es que Siedell haya logrado entretenernos con una historia que, como tantas hoy en día, ha sacado adelante a base de tomar préstamos de aquí y allá. El problema surge cuando el fan con memoria los reconoce.
El apartado gráfico es obra de Stephen Thompson e Iván Fernández, quienes cumplen correctamente con su trabajo a pesar de que el lector pueda encontrarse con alguna viñeta invadida por la pereza. Pero Darth Vader, aunque no acabemos de creérnoslo del todo protagonizando este lío, luce como se merece: majestuoso y muy elegante. Lástima que en algún momento le quiten el casco para recordarnos las precuelas cinematográficas.

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