sábado, julio 05, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE (Y 3)

Saber cómo entretener al respetable con un film de duración más que generosa es una habilidad al alcance de unos pocos privilegiados. Muy, muy pocos, en realidad. Lamento no poder incluir en tan selecto club al insigne Quentin Tarantino, siempre hablando de futuros proyectos y subrayando cada una de sus palabras con esa gestualidad maniaca de sus manos. Se ruega a sus admiradores que mantengan la calma, que no desempolven las antorchas todavía, pues reconozco la valía inconmensurable de este icono cinematográfico, especialmente cuando, con el homenaje como pretexto, se apropia sin rubor de materiales ajenos, a menudo desconocidos por el gran público. Asimismo me fascina su destreza inigualable para dilatar situaciones y diálogos hasta la extenuación, convirtiendo sus trabajos en culebrones que oscilan entre el destello aislado de genialidad y el relleno que inexplicablemente sobrevive a la sala de montaje, donde Tarantino parece sentirse algo incómodo. De todos modos, ¿quién necesita a este sobrevalorado señor cuando aún podemos disfrutar del cine de Martin Scorsese? A sus más de 71 años, el titán italoamericano ha vuelto a sorprendernos al lanzar un misil como The Wolf of Wall Street (2013), que no aporta absolutamente nada a su sobresaliente carrera, pero sí es la prueba de que una película puede subir como la espuma durante tres horas de auténtica jarana.
Publicado en Scifiworld #71.

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lunes, junio 30, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE (y 2)

Todo este asunto de los largometrajes interminables me brinda la oportunidad de contar en la presente columna con invitados tan ilustres como Christopher Nolan y Peter Jackson, quienes ya han comenzado a ofrecer menos de lo que prometían en sus sensacionales inicios. El primero —un generador inagotable de haters sin desperdicio, estultos defensores e improductivos debates— ha mostrado durante los últimos tiempos una preocupante incapacidad para narrar historias que nos roben menos de un par de horas de vida. Por otro lado, quizás habría que poner su talento en cuarentena, sobre todo tras la insatisfactoria The Dark Knight Rises (2012), que será recordada como el épico paso en falso de su aclamado realizador. Pese a todo, este no ha tropezado de momento con un cepo similar al que debió de atrapar a Peter Jackson hace ya algunos años. Para desgracia de quienes asistimos con entusiasmo a sus primeros pasitos como cineasta, el hoy todopoderoso neozelandés se ha transformado en una máquina expendendora de blockbusters tan largos como innecesarios. Las dos primeras entregas de su nueva trilogía, agotadoras y sin el menor asomo de sensibilidad artística, están ahí para zarandear nuestras  esperanzas cuando nos preguntamos si existe alguna posibilidad, por remota que sea, de que Jackson recupere la magia que exhibió en títulos como Braindead (1992), Heavenly Creatures (1994) y The Frighteners (1996). 
Publicado en Scifiworld #71.

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jueves, junio 12, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE

Con Nymphomaniac (2013), esa maravilla para pedantes al borde del éxtasis intelectual, Lars von Trier no sólo ha hecho lo que le ha apetecido, que para algo es un autor imprescindible, sino que además se ha marcado el metraje más extenso de su filmografía. Esto último también le ha pasado factura: ni siquiera la indudable genialidad del danés terrible ha podido evitar que su nueva creación llegue a los cines preñada de superfluos momentos que no ayudan a que el espectador se deje envolver por un relato sin demasiado recorrido, aunque siempre habrá quien le encuentre lecturas y valores que un servidor, más acostumbrado a los excesos de Michael Bay, no logró detectar en la sala de proyecciones. Puede que los seguidores del polémico director afirmen con aplomo que este ha concebido otra obra maestra, pero tras su visionado sigo repitiéndome que era innecesario rodar algo tan largo para referir la vida y el historial sexual y emocional de esa señorita ninfómana que habla y ***** por los codos.
Publicado en Scifiworld #71.

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miércoles, mayo 07, 2014

Vader es la justicia

Nunca me ha interesado demasiado el universo expandido de STAR WARS, pero en ocasiones me relajo, aparco mis ideas de fan inflexible e intento disfrutar de historias como la que propone Darth Vader y el noveno asesino, miniserie de la Dark Horse que aquí ha publicado Planeta DeAgostini Cómics en un volumen único. Admito que he concluido la lectura con la sensación sincera de no haberme aburrido, aunque tampoco se me escapa que nada de lo que he leído es novedoso o ha logrado sorprenderme, y eso sólo me lleva a una conclusión: parece que como lector he rebajado peligrosamente mis niveles de exigencia. ¿Es eso malo? No lo creo.
En Darth Vader y el noveno asesino, Tim Siedell, guionista de todo esto, no duda en situar al icónico Sith en el centro de un intento de venganza que sirve para arrancar una historia que no tarda en convertirse en otra cosa. Uno puede pensar que  tras las primeras páginas verá a Vader enfrentarse a las consecuencias de su labor como fiel e implacable esbirro imperial, y no: la oportunidad se desaprovecha, y en su lugar Siedell nos sirve un relato menos ambicioso, aunque, eso sí, indiscutiblemente válido como pasatiempo. También hay que señalar que este trabajo está construido sobre materiales que ya hemos consumido en no pocas ocasiones; de hecho, y sin ánimo de destripar nada, Siedell, en un espacio de apenas un par de páginas, exhibe una habilidad sin igual al engarzar un momento calcado de El retorno del Jedi con otro que se inspira demasiado en un episodio de The Clone Wars, la sensacional serie animada con la que Genndy Tartakovsky demostró que no todo estaba perdido en el universo STAR WARS. Así que, siendo justos, no podemos decir que este cómic cuente con la virtud de originalidad. Otra cosa es que Siedell haya logrado entretenernos con una historia que, como tantas hoy en día, ha sacado adelante a base de tomar préstamos de aquí y allá. El problema surge cuando el fan con memoria los reconoce.
El apartado gráfico es obra de Stephen Thompson e Iván Fernández, quienes cumplen correctamente con su trabajo a pesar de que el lector pueda encontrarse con alguna viñeta invadida por la pereza. Pero Darth Vader, aunque no acabemos de creérnoslo del todo protagonizando este lío, luce como se merece: majestuoso y muy elegante. Lástima que en algún momento le quiten el casco para recordarnos las precuelas cinematográficas.

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domingo, abril 13, 2014

Jorge Javier Vázquez es mi Caballero del Zodiaco favorito

Dejo por aquí la entrevista que me ha hecho José Albaina (OjoCrítico.com) para eldiarionorte.es. Cómo no, estaré encantado de recibir vuestros insultos. También acepto ofertas de trabajo.

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lunes, marzo 10, 2014

Say it one more time! (y 3)

Cada vez que revisito Batman me pregunto por qué, tras tres exitosas películas, Burton y Keaton no prorrogaron su sociedad creativa, máxime cuando esta, a mi juicio, funcionaba tan bien. Hasta donde sabemos no hubo motivo para una separación dramática, si bien llama la atención que la otrora pareja no haya vuelto a colaborar desde los tiempos de Batman Returns, estrenada hace ya unos veintidós años, que se dice pronto. No está de más recordar que alguien insinuó en su día que Michelle Pfeiffer, inolvidable sobre el piano de cola de los hermanos Baker, pudo ser la involuntaria responsable de la ruptura de aquel tándem de raros maravillosos. Quién sabe.

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domingo, febrero 16, 2014

Say it one more time! (y 2)

El autor de la magnífica Ed Wood no se ha pronunciado aún sobre la propuesta referida al inicio de esta columna, pero el hecho de que nunca haya disimulado su interés por darle continuidad a su primera masterpiece nos sugiere que podría tener el sí en esos labios que cada noche besan a la señora Bonham Carter, siempre desaliñada e inquietante. Además de eso, y de la cifra que se embolsará si acepta el cometido, es muy posible que el realizador de cabello enmarañado haya visto en la oferta una oportunidad inmejorable para sacarse una espinita que quizás ha llevado clavada demasiado tiempo. Como el fan con memoria recordará, Burton ya trabajó en su día en una necesaria secuela que, por una u otra razón, no llegó a ver la luz del día: Beetlejuice Goes Hawaiian, que así se titulaba el invento, contaba sobre el papel con no pocos elementos para convertirse en un memorable divertimento, y es que al cineasta de Burbank se le ocurrió nada menos que llevar de viaje playero al célebre personaje, entre otras cosas porque, atención, le apetecía permitirse el capricho de combinar en un mismo film elementos a priori tan incompatibles como las películas de surfistas y el expresionismo alemán.
Puedes encontrar aquí la primera parte de este artículo.

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