sábado, febrero 19, 2005

¡Plissken,sálvanos!



Snake Plissken,modelo a seguir

Llevo más de 24 horas sin dormir (y es cierto),pero no 24 sin fumar,porque me gusta demasiado.Verán,además de en medios de transporte y lugares públicos cerrados, Sanidad pretende que se prohíba fumar también en centros de trabajo desprovistos de “espacios sin humo” habilitados, un anteproyecto de ley presentado el pasado viernes que, de aprobarse, entraría en vigor a comienzos del 2006,todo con el objetivo de evitar el consumo de tabaco.Están rizando el rizo y no pasará mucho tiempo hasta que se pongan con el más difícil todavía.Uno ya no sabe si hacen esto por el propio bien y el de nuestro prójimo no fumador o por puro esnobismo, porque todo esto de perseguir al adicto a la nicotina surgió al otro lado del Atlántico y ha debido de ser confundido en nuestro Viejo Continente con otra importable moda de obligado émulo que empieza a manifestarse con una virulencia absurda. Ya sabemos que fumar mata, pero nos gusta; nos complace encadenar un cigarro tras otro, llenarnos los pulmones con esa mierda que a algunos nos sabe poco menos que a gloria y exhalar el humo como auténticas máquinas de vapor humanas para,de paso,recrearnos con la belleza inigualable y efímera de las volutas que describe;incluso para algunos un polvo no conluye apropiadamente hasta darle la última calada al imprescindible cigarrillo postcoito. Que hasta la sexualidad nos van a mutilar, si nos descuidamos.Yo mismo,sin ir más lejos, he dejado de fumar varias veces para retomar casi de inmediato este vicio con brío, y creo firmemente que, por más saludable que resulte dejar ciertos hábitos, nadie debería renunciar a algo que le guste. Este bloqueo al fumador de pura cepa que vive colgado de un cigarro va a poner a más de uno en la difícil tesitura de verse obligado a fumar en la clandestinidad, y ya se sabe que, por lo general, todo lo clandestino suele gustarnos más por contar con el acicate de infringir las reglas. En lo que a mí respecta, que vengan a quitarme el cigarro de los labios, si se atreven.

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