lunes, junio 30, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE (y 2)

Todo este asunto de los largometrajes interminables me brinda la oportunidad de contar en la presente columna con invitados tan ilustres como Christopher Nolan y Peter Jackson, quienes ya han comenzado a ofrecer menos de lo que prometían en sus sensacionales inicios. El primero —un generador inagotable de haters sin desperdicio, estultos defensores e improductivos debates— ha mostrado durante los últimos tiempos una preocupante incapacidad para narrar historias que nos roben menos de un par de horas de vida. Por otro lado, quizás habría que poner su talento en cuarentena, sobre todo tras la insatisfactoria The Dark Knight Rises (2012), que será recordada como el épico paso en falso de su aclamado realizador. Pese a todo, este no ha tropezado de momento con un cepo similar al que debió de atrapar a Peter Jackson hace ya algunos años. Para desgracia de quienes asistimos con entusiasmo a sus primeros pasitos como cineasta, el hoy todopoderoso neozelandés se ha transformado en una máquina expendendora de blockbusters tan largos como innecesarios. Las dos primeras entregas de su nueva trilogía, agotadoras y sin el menor asomo de sensibilidad artística, están ahí para zarandear nuestras  esperanzas cuando nos preguntamos si existe alguna posibilidad, por remota que sea, de que Jackson recupere la magia que exhibió en títulos como Braindead (1992), Heavenly Creatures (1994) y The Frighteners (1996). 
Publicado en Scifiworld #71.

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