miércoles, junio 07, 2017

Unas palabras sobre Alien: Covenant

 Con Alien: Covenant, Ridley Scott ha querido hacer su película y también satisfacer al sector más intransigente del fandom xenomorfo que no congenió con Prometheus, un movimiento que parece tener más negociación que cine. Para no tener que escuchar sus gritos, el director se ha asegurado en esta ocasión de que los fans reciban una dosis mayor de todo aquello que le reclamaban casi con espuma en la boca: más aliens aquí y allá, huevos viscosos, facehuggers saltarines, cuerpos estallando, e incluso una tripulación prescindible, con poco guión, donde no falta un émulo de Ripley desprovisto de cualquier indicio de carisma. Todo este fanservice, añadido de manera mecánica, sólo contribuye a que esta nueva entrega parezca por momentos una imitación desbravada del clásico que seguimos amando. Sería de agradecer que alguien le recordase al realizador británico que, a estas alturas de su carrera, nada debe a los fans.
 Si la liberásemos de sus elementos más gastados, Covenant se sentiría de otro modo. Porque lo cierto es que esta se levanta del fango extraterrestre una vez que Scott aparca las concesiones y prosigue, aunque con omisiones, con la historia que iniciara en Prometheus, retomando esos nuevos miedos que sin duda le interesan más que la popular criatura de la saga, aquí casi maltratada. Y aunque nos niega respuestas sobre el mundo de los ingenieros, nos compensa al darle más juego a Michael Fassbender, cuyo talento eleva el conjunto. Sin su inestimable concurso, esta secuela, con apuntes interesantes pero sin el atrevimiento de su predecesora, quizás sería menos apreciable. 

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