martes, agosto 25, 2026

Aquí estamos otra vez

Ahora que estoy a punto de cambiar de etapa, vuelvo a asomarme a este blog abandonado que tan buenas horas me proporcionó en el pasado, casi en otra vida. Esto último, lo de "otra vida", lo digo porque creo que empecé a perder el tiempo por aquí cuando no tenía ni treinta, y han pasado desde entonces dos décadas, o así. Eso es bastante tiempo, me ha pasado casi de todo, he sobrevivido a no pocas historias —algunas lamentables, pero eso parece marca de la casa—, y ahora tengo el cabello plateado, tanto que en alguna ocasión he pensado en buscar una peluquería de señoras, una de las buenas, para que me hagan un apaño capilar que ayude a disimular mi edad. Palabra que no pensaba llegar a esto, al tema del tinte, cuando he entrado, pero, como es habitual en mí, empiezo a hablar y me ramifico, casi siempre de una forma absurda, hasta llegar a asuntos que ni se me había ocurrido tocar; asuntos que, lo sé, suelen tener poco o nulo interés. En fin, qué manera de desviarme. Mejor cierro esta entrada con el interrogante que me estaba rondando cuando me he puesto a teclear: ¿tiene algún sentido resucitar este blog? Y yo qué sé. 

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