sábado, diciembre 26, 2020

Tonight's the night...

 El pasado octubre, Showtime anunció con entusiasmo el regreso de Dexter, una de sus ficciones televisivas más exitosas. Cómo no, Michael C. Hall, su talentoso protagonista, volverá a ser nuestro serial killer favorito en una limited series de diez episodios tras la que estará Clyde Phillips, quien fue showrunner de las sensacionales cuatro primeras temporadas de la serie. Según este, no quieren que este retorno sea una simple novena temporada, y si bien no se reescribirán los hechos narrados en anteriores entregas, sí se reflejará el paso del tiempo y básicamente se arrancará desde cero. Pero, sobre todo, Phillips ha subrayado que esta es una gran oportunidad para darle a la historia de Dexter Morgan un segundo final que sea más satisfactorio que el que vimos en 2013.
 Está previsto que el estreno de este revival tenga lugar en otoño de 2021. Entretanto, y ya que seguimos limitados a causa de la presente pandemia, se me ocurre que este es un buen momento para revisionar la serie y comprobar qué tal ha envejecido. Me pregunto, además, qué sentiré ahora ante su vilipendiada octava temporada: ¿seguirá pareciéndome tan defectuosa? ¿O quizás me encontraré con una gran incomprendida? De esta recuerdo especialmente su último episodio, donde los guionistas debieron de quedarse a gusto al aniquilar nuestras esperanzas con aquel final oscuro y casi depresivo. Tras la última secuencia, que siempre me ha recordado mucho al desenlace de la gigantesca Five Easy Pieces (Bob Rafelson, 1970), sentí desconcierto y algo muy próximo a la desolación, y fui, además, incapaz de emitir una opinión inmediata sobre lo que acababa de ver. Es posible que la memoria me engañe, porque han pasado casi ocho años de aquello, pero creo recordar que fue entonces cuando, por vez primera, llegué a la conclusión de que el destino de un personaje de ficción amado puede doler en el mundo real.

 Este texto apareció en el número 414 (diciembre 2020) de la revista Imágenes de Actualidad.

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viernes, abril 12, 2019

Nadie nace enseñado

Como el monstruo de The Blob (Irvin S. Yeaworth Jr./Russell S. Doughten Jr.), la filmografía de Dani Rovira no deja de crecer y no hay nada que podamos hacer para impedirlo. El humorista despidió el 2018 con Superlópez (Javier Ruiz Caldera, 2018) y Miamor perdido (Emilio Martínez Lázaro, 2018), inició este año con el documental Todos los caminos, y desde el pasado mes sus fans han podido volver a disfrutar de su carisma único gracias a Taxi a Gibraltar (Alejo Flah, 2019). Y lo que nos queda, porque en junio llegará Los Japón (Álvaro Díaz Loreno, 2019) a nuestras salas. Pero mi curiosidad me anima a no perderme un solo título patrio, y los protagonizados por Rovira no son una excepción. Así que, sin ser yo un entusiasta de su obra, sigo lanzándome una y otra vez a esa arena rovirista. Luego es cierto que sus productos nunca llegan a provocarme lesiones graves, pero siempre salgo del cine preguntándome si este hombre, hoy en la cumbre y estrenando películas a un ritmo similar al de la Marvel, me conquistará algún día como intérprete. Quién sabe. No hay que subestimar a nadie, y ya he visto anteriormente cómo una actriz o actor que no me interesaba, tiempo después me sorprendía. ¿Alguno de los presentes recuerda los inicios interpretativos de Jose Coronado? En aquellos días, este no era más que un apuesto Geyperman frente a la cámara, y, sin embargo, luego fuimos testigos de cómo, entre errores y aciertos, se transformó en un artista de aúpa. Si nada lo impide, este señor conspicuo y molón, que está envejeciendo tan bien como Sean Connery, no sólo seguirá proporcionándonos placeres desde la pantalla durante el próximo par de décadas, sino que además se convertirá en un clásico de nuestro cine. Y podría extenderme otras cincuenta líneas, pero prefiero poner el punto y final antes de que tanto elogio se me vaya de las manos.
Este texto apareció en el número 399 (marzo 2019) de Imágenes de Actualidad.
Foto:  Mediaset España.

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domingo, febrero 24, 2019

Champín

El día 24 de este mes se celebrará la 91ª edición de los Oscar, e imagino que muchos de vosotros, que no sabéis estar solos, os reuniréis para verla y, entre ganchitos y champagne infantil, deslumbraros ante toda esa gente de Holywood para la que, os informo, no existís. Por mi parte, este año tampoco seguiré la ceremonia porque hace mucho que perdí el interés en este sarao y sus precarias imitaciones. Sentarme frente a un televisor a horas intempestivas para ver a gente recogiendo premios y leyendo discursos banales me parece un absoluto desperdicio de tiempo que no puedo permitirme. Pero hubo una época en que, sí, no me perdía una gala e incluso me indignaba que no premiasen mis películas e intérpretes favoritos. Recuerdo cuando nominaron a Mickey Rourke por su labor en El Luchador y se fue de vacío. Sigo pensando que le robaron el galardón. Esa noche, Sean Penn, el Willy Toledo hollywoodiense, se llevó su segunda estatuilla asexuada por un papel que algunos ni recordáis, y yo lo sentí mucho por Mickey, quien, bien dirigido por Darren Aronofsky, nos había brindado una interpretación excelsa que a buen seguro amamantó con sus infiernos personales. Tras aquel elogiado trabajo que le devolvió el prestigio, pensé que el actor seguiría dándonos gratas sorpresas, pero lo cierto es que su obra posterior no ha estado a la altura de aquel guerrero del Pressing Catch de segunda. Lo peor de todo es que, además de no ser muy selectivo con sus últimos títulos, Rourke no ha sabido dejar a tiempo su afición a la cirugía estética: su talento sigue ahí, pero queda solapado por ese rostro que, desfigurado en quirófanos pochos, podría inspirar un buen relato de Chuck Palahniuk.
Este texto apareció en el número 398 (febrero 2019) de Imágenes de Actualidad.

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domingo, febrero 10, 2019

Monstruo incombustible

 Poco me importa su edad, 60 años muy bien llevados, o lo despeinada que aparezca en pantalla, porque Jamie Lee Curtis, mucho más que una final girl, sigue dejándome obnubilado. Ella es lo más destacable de Halloween (2018), de David Gordon Green, continuación directa y retconeadora del clásico de John Carpenter que ha recaudado más de 253 millones de dólares en todo el mundo (recordemos que costó sólo 10). Tras este éxito ya se fragua la inevitable secuela, y me pregunto qué se les ocurrirá a los guionistas para proseguir los sucesos del último film.
 Por otro lado, sigue en pie la idea de adaptar el universo Halloween a la televisión. Hasta donde se sabe, el proyecto, que ha ido y venido, comenzó a gestarse hace poco más de una década, y según el productor Malek Akkad, de entre las ideas que se han ido barajando durante todos estos años, la que más le seduce implica a The Shape y a otros personajes de la saga. Akkad ha afirmado que le gustaría ver este asunto convertido en realidad, pero, prudente, también ha matizado que por ahora sólo ha habido conversaciones al respecto. Así que a saber. En caso de que esta posible serie reciba luz verde algún día, espero que sus responsables sean tan creativos como Rob Zombie, quien en sus dos entregas se atrevió a reimaginar el mito de Myers. Su versión del personaje es, en mi opinión, una cima sangrienta. ¿Volverá la franquicia a ofrecernos algo tan innovador? 
Este texto fue publicado en el número 397 (enero 2019) de Imágenes de Actualidad.

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miércoles, marzo 07, 2018

La motosierra que más me gusta

 Como soy un tipo exigente, Ash vs Evil Dead es la única serie a la que necesito volver en este momento. Este mes estrena su tercera temporada y me pregunto si mantendrá el nivel del par previo, donde se daba una continuidad magnífica a la célebre trilogía poseída de Sam Raimi. Trabajo bien hecho aparte, no es menos cierto que esta secuela serielizada no nos procuraría el mismo placer sin la inestimable labor de Bruce Campbell, quien, tantos años después, ha recuperado con brío a Ash Williams, el incombustible antihéroe que le dio fama. Sé que cuando me enfrente al próximo episodio me quedaré poco menos que absorto ante su despliegue de carisma en pantalla. Y también que volveré a preguntarme en voz alta cómo es posible que un actor tan mítico no esté rodando cinco películas al año. Es impensable que le falten ofertas, así que imagino que Campbell sólo está dispuesto a abandonar su idílica granja en Oregón cuando aparece un proyecto que le entusiasma. Y si ese es el caso, perfecto. Como adicto incurable a todo lo suyo, preferiría verle en acción con más frecuencia, pero no me atreveré a quejarme mientras siga compartiendo su enorme talento con nosotros. Aunque sea a cuentagotas.

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lunes, agosto 28, 2017

DC Origins: The Joker

 Warner y DC acaban de sumar a su lista de futuras producciones una protagonizada nada menos que por el Joker, supervillano icónico donde los haya. Según han contado algunos medios especializados, el film será un thriller sucio, ambientado en la Gotham de los 80, que nos explicará cómo el personaje llegó a convertirse en la célebre némesis de Batman, algo que no tengo muy claro que nadie necesite. Se nos asegura que este spin-off con Joker pretérito formará parte de una nueva línea de películas sobre personajes DC que transitará al margen de la continuidad de ese DCEU (DC Extended Universe) que va cobrando cuerpo y fuerza, sobre todo tras el incontestable éxito de Wonder Woman, que acumula ya unos 806,203,061 millones de dólares en la taquilla global. Además, esta especie de proyecto de franquicia paralela -falta ver si progresará- suma por ahora otra particularidad: en ella, los populares héroes y villanos de la editorial comiquera no serán encarnados por los intérpretes ya contratados para darles vida en el DCEU, sino por otros talentos que serán elegidos con motivo de cada nuevo film. Así pues, Jared Leto, rostro oficial del letal payaso en la continuidad madre, no le dará vida en esta nueva ocasión. También, imagino, porque tratándose de una película de orígenes, quizás quieran a alguien más joven para el trabajo.
  El apartado creativo del aún intitulado film no puede ser más heterogéneo. Tras las cámaras, y con propósito de cambiar de registro, estará Todd Phillips (The Hangover), quien ya escribe el guión a cuatro manos con Scott Silver (8 Mile, The Fighter). Sin dudar de la profesionalidad de esta pareja, no son firmas que realmente me entusiasmen o vendan el producto. Pero la cosa se anima bastante cuando uno se entera de que Martin Scorsese ejercerá labores como productor de todo este tinglado. A priori sorprende ver asociado su nombre a un proyecto de estas características, pero no tanto si tenemos en cuenta que el director es un genio de mente abierta que, a sus casi 71 años, firmó algo tan excesivo como The Wolf of Wall Street. Quizás, soñemos un poco, pueda de algún modo aportar su sabiduría al film. Y como supongo que una cosa lleva a la otra, las mentes pensantes tras el proyecto ya han dejado claro que les gustaría que la película tuviese una atmósfera similar a algunos de los mejores títulos del italoamericano, como Taxi Driver, Raging Bull o The King of Comedy. Y aquí es donde me pregunto si no se están poniendo el listón de las ambiciones demasiado elevado. 
 Respecto a Jared Leto, que no sufran quienes quedaron más que satisfechos -me incluyo- con su versión del payaso príncipe del crimen, pues, hasta donde sabemos, el oscarizado actor volverá a pintarrajearse la cara para darle vida en Suicide Squad 2 y en otro film que volverá a reunirle con Harley Quinn.

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lunes, agosto 21, 2017

Sobre Michael Bay

 Antes de que desaparezca de las carteleras, me apetece dedicarle unas líneas a Michael Bay, un autor que, con su último trabajo, no está recibiendo los mayores parabienes de su carrera. Ajustándonos a la realidad, hay que decir que, por más que a algunos nos guste, su labor al frente de la saga robótica nunca ha recibido un respaldo entusiasta por parte de la crítica, pero parece que todo ha ido a peor en esta ocasión: Transformers: The Last Knight (Michael Bay, 2017), la nueva entrada de la franquicia, no sólo no ha conquistado las taquillas mundiales como sus predecesoras, sino que además ha generado una riada de opiniones negativas que ahora también proceden de fans del director y su serie, los cuales han expresado un espectro de sentimientos que, salvando excepciones, van desde la decepción al odio absolutos. Aún no sabemos cómo todo esto puede comprometer el futuro del universo cinematográfico transformable. Hasta donde sabemos, hay suficientes dudas sobre la producción de una sexta entrega, pero el spin-off protagonizado por Bumblebee sigue adelante.
 Asimismo, y como suele ser habitual, no han faltado las invectivas hacia Bay, quien siempre ha asegurado que no lee las críticas negativas ni pierde el sueño con el odio que sus innumerables detractores suelen dedicarle con una dedicación encomiable. Esta aplastante seguridad que siempre ha exhibido el autor de la excelente Pain and Gain (2013), esa actitud tan propia de un hombre abonado al éxito, puede ser comprensible y hasta envidiable: a estas alturas de su imparable trayectoria, con Hollywood siempre dándole facilidades, Bay debe de estar poco menos que contemplando el mundo desde una estratosfera privada, por lo que no cuesta imaginar que ciertos asuntos puedan parecerle remotos, insignificantes. Y casi mejor que el tipo siga disfrutando de su posición de privilegio en la industria, sumando títulos a su destructiva filmografía y engordando su fortuna, porque prefiero no imaginar lo que alguien con su gusto por la pirotecnia podría llegar a hacer si tuviese que enfrentarse a un día horrible de verdad, como aquel que enloqueció a Michael Douglas en la magnífica Falling Down (Joel Schumacher, 1993).

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