viernes, octubre 28, 2022

ELIGE LA FORMA DEL DESTRUCTOR

  Tras salir con vida de un pase nocturno del nuevo despegue de Kal-El, sólo puedo asentir con enmudecida aprobación y afirmar que el superequipo formado por Nolan, Goyer y Snyder ha logrado insuflarle nueva sangre a una leyenda del cómic que en los últimos tiempos parecía no encontrar el proyecto adecuado que le ayudase a protagonizar un regreso digno a la gran pantalla. Admito que tuve mis dudas cuando en su día se anunció oficialmente que el futuro fílmico del personaje dependería de alguien como Zack Snyder, un tipo al que siempre he considerado tan capaz y talentoso como en ocasiones víctima de su festiva tendencia al descontrol visual. Recuerdo que entonces pensé que el auteur Nolan, padrino de este reinicio, se encargaría de vigilar de cerca el fuego creativo al que Snyder nos tiene acostumbrados, mas lo cierto es que seguramente esa idea jamás se encontró entre los propósitos del primero, quien sin duda elegía con buen ojo al profesional que este proyecto necesitaba: contra pronóstico, el realizador de la incomprendida Sucker Punch no sólo no ha tenido que contenerse demasiado, sino que además ha contado con unas facilidades presupestarias que le han permitido regalarnos otra película enorme con la que, una vez más, ha podido expresar, y de qué modo, su amor por el entretenimiento desproporcionado. 

  Mi evidente entusiasmo tampoco me hace perder de pista que la línea de puntos podría haber sido recortada aquí y allá con más esmero, pero incluso así, esta actualización de las aventuras del superhombre emblema de la DC supera por muchos cuerpos a la descafeinada aproximación al mito perpetrada por Bryan Singer, acertando, además, al hacer todo lo posible por distanciarse del camino ya recorrido en esa cumbre que, tantos años después, sigue siendo el film rodado por un Richard Donner inspirado y en plenitud de facultades. Si el espectador con memoria es capaz de aparcar clásicos irrepetibles e inservibles, a veces inevitables, nostalgias durante la proyección, apreciará sin mayores dificultades las virtudes de Man of Steel, multivisionable espectáculo que, a pesar de lo afirmado por sus detractores, combina hábilmente la búsqueda de un enfoque adulto para su estrella con el orgullo de ser un blockbuster propietario de unos niveles de acción y destrucción sin límites que a buen seguro se habrán ganado el aplauso de gente como Michael Bay o Roland Emmerich, señores indiscutibles del apocalipsis cinematográfico de nuestros días.

  Asimismo, esta recuperación para el cine del aventajado hijo de Krypton sirve para recordarnos que los iconos, a menudo tan sobrevalorados, no están ahí para ser temidos o proyectar su sombra eternamente: Henry Cavill, sobre quien ha caído la responsabilidad de ser la nueva carne del alienígena benefactor, brilla dentro de un disfraz que parece haberle elegido, proyecta la imagen de honestidad sin mácula que el superhéroe requiere, y logra que su trabajo no se vea solapado, que no es poco, por el recuerdo entre mágico y entrañable del malogrado, pero siempre recordado, Christopher Reeve.

* Este texto fue publicado en el número 64 de la revista Scifiworld (agosto de 2013).

Foto: Warner Bros Pictures.

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jueves, octubre 27, 2016

Sobre Suicide Squad

Suicide Squad (David Ayer, 2016) nos recuerda que la suma de los elementos, por buenos que estos sean, no garantiza absolutamente nada. Aun contando con los ingredientes para ofrecer un entretenimiento enorme, el resultado del film incumple las promesas de sus responsables y se encuentra a una distancia considerable de ser un buen trabajo. Pero sería injusto señalar sólo a Ayer, su director, como responsable absoluto de la catástrofe, pues es ya público que el acabado de la cinta ha sido poco menos que teledirigido desde más arriba: según las informaciones que han ido filtrándose aquí y allá, Warner y DC, sumidas en un estado de pánico tras la recepción crítica de Batman v Superman: Dawn of Justice (Zack Snyder, 2016), obligaron a Ayer a modificar el tono de su escuadrón suicida, más oscuro en principio, añadiendo nuevas escenas y mucho más humor, pues, ya se sabe, es vital captar a todo ese público familiar que hay ahí fuera. A esto hay que sumar la odisea posterior en la sala de montaje, donde el obediente director y su equipo, más refuerzos de última hora, tuvieron que buscar un producto más o menos intermedio entre su película y la versión solicitada por los mandamases, esfuerzo que desde luego no contribuyó a mejorar las cosas. A pesar de lo relatado, Ayer no ha dudado en asegurar una y otra vez que lo que se ha estrenado en salas es su director's cut, pero creo que todos podemos entender que su afirmación tiene mucho que ver con la prudencia de quien sólo quiere seguir ganándose las lentejas en Hollywood.
 Sea como fuere, y ya hablando en términos artísticos, Suicide Squad es un paso en falso dentro del flamante universo cinematográfico DC y quizás uno de los blockbusters más defectuosos que hemos visto en bastante tiempo. Porque esta película sólo puede ser disfrutada desde una perspectiva poco exigente, como placer culpable, o, como es mi caso, con la fascinación y el rechazo de quien, sin previo aviso, se encuentra expuesto ante la proyección del parto de un bebé contrahecho, producto de un embarazo con complicaciones insospechadas. Pero, al final, nada de esto parece importar demasiado, porque el público ha premiado a esta superproducción con una taquilla mundial que supera los 744 millones de dólares. Asumámoslo: la mediocridad sigue elevándose muy por encima de nuestras cabezas.

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viernes, mayo 29, 2015

Joker. Leto. Damaged...

En serio, ignoro qué estará haciendo exactamente el director David Ayer con Suicide Squad (2016), adaptación a la pantalla del cómic homónimo de DC, pero reconozco que el abundante material gráfico filtrado desde su rodaje ha logrado generar mi curiosidad por el proyecto y también mi confianza en la que a buen seguro será una de sus principales bazas: la más reciente versión del Joker, quien en esta ocasión contará con la sonrisa de Jared Leto, artista que mucho antes de su Oscar por Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée) ya nos había cautivado con otras sorpresas interpretativas, como su transformación en Mark David Chapman, asesino de Lennon, en Chapter 27 (J.P. Schaefer, 2007), o su yonki en la durísima Requiem for a Dream (Darren Aronofsky, 2000).
Cierto es que la primera fotografía oficial del actor/cantante caracterizado como némesis de Batman provocó, salvo casos aislados, el rechazo inicial del siempre exigente fandom, pero es justo decir que ahora, ante la cornucopia de imágenes del célebre supervillano que van llegando desde el set de Suicide Squad, algunos hemos recapacitado para a continuación asentir con un gesto de indudable aprobación. Sí, amigos, a falta de ver el trabajo íntegro de Leto en pantalla, podemos afirmar que lo que estamos viendo de su Joker resulta cuando menos prometedor, que ya es más de lo esperado tras su polémica presentación en sociedad. Personalmente incluso han empezado a importarme menos los detalles que le han añadido al look del personaje, como la innecesaria profusión de tatuajes, especialmente ese damaged que corona su frente, o esas fundas dentales metalizadas que, pensándolo bien, no están exentas de lógica en un mundo en el que, sí, puede que el hombre murciélago se limite a devolverte con vida una y otra vez a tu celda en el Asilo Arkham para criminales dementes, aunque eso no es obstáculo para que antes haya echado abajo tu bonita dentadura a puñetazos. 
Respecto al atormentado vigilante de Gotham, actualmente en manos de Ben Affleck, sabíamos que iba a estar presente de algún modo en Suicide Squad, pero las imágenes y vídeos robados durante la filmación parecen indicar que su participación final podría ir más allá del simple cameo, o al menos eso es lo que podemos inferir si tenemos en cuenta que el batmóvil ya ha estado implicado en al menos una de las persecuciones del film, mientras que su propietario ha sido visto haciendo de las suyas sobre uno de los deportivos que el Joker conduce. Ahí va la prueba: 

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miércoles, mayo 08, 2013

Bueno, que se estrene ya Man of Steel, ¿no?

Que tengo ganas de ver qué ha salido de la unión entre Christopher Nolan y Zack Snyder, realizador que, de verdad, no acaba de deslumbrarme con todo ese exceso que tanto le gusta. Me pregunto si en esta ocasión, bien supervisado por el director de Inception, habrá sido capaz de moderarse formalmente, aunque no apuesto demasiado por ello. ¿Volverá a aburrirnos con su abuso de la cámara lenta? ¿Saldremos del cine pensando, una vez más, que Richard Donner lo hizo infinitamente mejor? Y de Henry Cavill ya ni hablamos, ¿verdad? ¿Cómo competir con el recuerdo de Christopher Reeve?
Man of Steel se estrena en nuestro país el 21/06/2013.

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