sábado, julio 05, 2014

LLEVO UNA UZI AL CINE (Y 3)

Saber cómo entretener al respetable con un film de duración más que generosa es una habilidad al alcance de unos pocos privilegiados. Muy, muy pocos, en realidad. Lamento no poder incluir en tan selecto club al insigne Quentin Tarantino, siempre hablando de futuros proyectos y subrayando cada una de sus palabras con esa gestualidad maniaca de sus manos. Se ruega a sus admiradores que mantengan la calma, que no desempolven las antorchas todavía, pues reconozco la valía inconmensurable de este icono cinematográfico, especialmente cuando, con el homenaje como pretexto, se apropia sin rubor de materiales ajenos, a menudo desconocidos por el gran público. Asimismo me fascina su destreza inigualable para dilatar situaciones y diálogos hasta la extenuación, convirtiendo sus trabajos en culebrones que oscilan entre el destello aislado de genialidad y el relleno que inexplicablemente sobrevive a la sala de montaje, donde Tarantino parece sentirse algo incómodo. De todos modos, ¿quién necesita a este sobrevalorado señor cuando aún podemos disfrutar del cine de Martin Scorsese? A sus más de 71 años, el titán italoamericano ha vuelto a sorprendernos al lanzar un misil como The Wolf of Wall Street (2013), que no aporta absolutamente nada a su sobresaliente carrera, pero sí es la prueba de que una película puede subir como la espuma durante tres horas de auténtica jarana.
Publicado en Scifiworld #71.

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